viernes, 30 de octubre de 2009

Nueva web de "los del monte"


Después de diez años de actividad se despide todo un clásico de la red en el ámbito del maquis y la guerrilla antifranquista. Tras el cierre de la plataforma geocities, con más de novecientos mil accesos acumulados durante su larga andadura, desaparece la página creada por "Alfredo Cloux" “Juanín, los del monte”. En su lugar nace un nuevo proyecto que podréis encontrar alojado en: http://maquiscantabria.blogspot.com/

Como novedad, además de poder participar en su conocido foro de melodysoft, al tener la nueva página estructura de blog, podéis añadir comentarios en cualquiera de las entradas que en ella aparecen.

"Los del monte", resistentes antifranquistas, maquis, guerrilleros, emboscados, huidos, fugaos, escondidos… continuarán teniendo el espacio divulgativo y de opinión que merecen. La red constituye en la actualidad una herramienta de extraordinaria importancia para abordar el estudio de la guerrilla antifranquista en España.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Aparición de la película "El Corazón de bosque" en formato Dvd.



Por fin en DVD la emblemática película de Manolo Gutiérrez Aragón.

En septiembre de 1942 “El Andarín” y su grupo luchan contra la dictadura franquista en las montañas asturianas. Para la romería, como todos los años, baja al pueblo a bailar con las mujeres. Diez años después, el grupo de maquis ha sido destruido por las fuerzas del orden; sólo “El Andarín” sobrevive, pero señalado por el destino como perdedor. Refugiado en lo más intrincado del bosque se ha convertido en una fiera acosada y enferma. La dirección del Partido ha resuelto abandonar la lucha armada y Juan es el encargado de comunicar a “El Andarín” esta decisión, de convencerle de que deje el monte. Juan emprende la búsqueda del escurridizo guerrillero, pero en el casi impenetrable bosque en el que se sumerge le acechan varias sorpresas, entre las que no es la menor saber que su hermana Amparo, a punto de casarse con Suso, mantiene relaciones con el viejo “Andarín”. A su vez, Juan es también perseguido por la Guardia Civil; por seguridad debería huir fuera de su tierra, pero antes debe cumplir su misión y encontrarse frente a frente con el maqui.

Manuel Gutiérrez Aragón realizó El corazón del bosque tras Camada negra (1976) y Sonámbulos (1977), dos películas donde, a partir de historias alegóricas estructuradas en forma de fábula, se reflexionaba certeramente sobre el devenir y el sentido de la lucha política durante esos años en nuestro país, estableciendo sobre el particular comentarios críticos a propósito de la Transición política española sumamente atractivos y originales. En El corazón del bosque esta fórmula alcanza su más lograda expresión.

Una de las constantes de este director es la utilización del cine como testimonio histórico. En este sentido El corazón del bosque usa el maquis como telón de fondo, como elemento omnipresente e instrumento de narración, extrayendo su raigambre popular y aumentando el carácter de mito histórico que representa. La narración se estructura en dos periodos de tiempo diferentes: el primero, con una duración de escasos minutos, es en 1942. En sobreimpresión se lee: “Hace cuatro años que terminó la guerra civil española. El Andarín y su grupo de escondidos mantienen una resistencia esperanzada en las montañas del norte”. El segundo, en el que transcurre la acción, es en 1952. “El grupo de El Andarín aún sobrevive en las montañas. La organización a la que pertenece El Andarín ha decidido poner fin a la resistencia armada. Se envían sin resultado un enlace tras otro”. La historia se sitúa en la España rural de los años cincuenta, justo en el momento en que el protagonismo de la lucha antifranquista se trasladaba del campo a la ciudad. Fue de 1945 a 1948 cuando las últimas partidas de maquis se diluyeron. Sólo siguieron algunos muy aislados. En 1948 se fortaleció el régimen de Franco y los partidos políticos disolvieron sus organizaciones armadas (los maquis), y si bien la mayoría huyó al extranjero, quedaron algunos irreductibles descolgados, que no pasaron a Francia y se convirtieron en una especie de “mendigos de las montañas”, que vivían de la limosna de los familiares. Estos últimos maquis tenían el centro de operaciones en torno a su pueblo, allí se movían siendo su núcleo vital la familia.

El corazón del bosque podría considerarse un film sobre la Guerra Civil y sus secuelas, temática que tuvo cierta presencia en el cine español de finales de los años setenta. Sin embargo, las circunstancias históricas son tan sólo el marco en el que se moverá una historia particular que se abre a múltiples lecturas. En efecto, la visión que refleja Gutiérrez Aragón del maquis, a través de esta historia particular, es compleja y no resiste al encajonamiento en un único punto de vista. Pienso que el film, fundamentalmente, realiza dos lecturas sobre el fenómeno histórico del maquis. Por un lado, la crítica a la decisión del PCE (por sugerencia de Stalin), en 1948, de cambiar de táctica en la lucha antifranquista, desmantelando la guerrilla y sustituyéndola por la infiltración o el entrismo en organizaciones franquistas; es decir, el objetivo era convertir a los guerrilleros en agentes de propaganda política, pero, al no llevar la desarticulación de la guerrilla, un plan de evasión aparejado, dejó a los guerrilleros abandonados a su suerte. Y, por otro lado, se presenta la degeneración del guerrillero, que defiende una lucha ya sin sentido y caduca, y su inevitable muerte/asesinato como un sino de los nuevos tiempos y de la superación del pasado. En este sentido, El corazón del bosque podría entenderse desde el punto de vista del héroe que vive más allá de su tiempo. Porque, ¿qué pasa si un guerrillero, con toda su carga mítica que conlleva, sobrevive?. Hegel decía que el héroe estaba destinado a morir y, el que sobrevivía, era un esclavo. Como tal puede entenderse el personaje de “El Andarín”. Esta segunda visión parece más explícita, reflejada en la trayectoria de cada uno de los personajes en su relación con el maqui, pero la crítica a la decisión del PCE aparece de un modo implícito, más profundo, como una causa por la que la lucha de “El Andarín” ha perdido su sentido. No olvidemos que Gutiérrez Aragón había salido del PCE, probablemente decepcionado, en 1975, tres años antes de la realización de esta película.

En 1942, “El Andarín” mantiene con su grupo una resistencia esperanzada. En 1952, es un elemento residual surgido de una guerra perdida, es un exiliado interior, un derrotado o un bandolero. Sin embargo, él no ha perdido la fe en la lucha y, puesto que su resistencia está condenada al fracaso, alcanzará una dimensión heroica. En este sentido, el guerrillero antifranquista que prolongará su lucha incluso por encima del mandato de sus superiores adquiere un carácter de mito. “El Andarín” reúne las características de hombre real y de leyenda viva. Es inasequible, solitario, autosuficiente, valeroso, heroico y siempre inalcanzable. Un ingrediente sin el cual personaje y trama no alcanzarían toda su densidad es la relación del guerrillero con el pueblo. Este vínculo fue un aspecto esencial para la pervivencia del maquis y dio pie a una particular mitología: la leyenda del maquis, un personaje que entronca con la tradición de esos seres misteriosos que en los cuentos populares fascinaban al mismo tiempo. De este maridaje la película sabrá extraer sus mejores resultados, uniendo a la lectura política que la historia contiene, otra de índole antropológica (que retomaremos más abajo). Así lo reconocía el director al afirmar: “ ... como en toda leyenda de clan... lo que también pretendemos mostrar es el enlace entre hechos recientes de la rebeldía concreta frente al fascismo y la mitología popular más rabiosamente fantástica: el maquis es un luchador político que por las noches se convierte en una leyenda”. (6) Los dos periodos que establece la película, el prólogo situado en 1942 y el presente que transcurre en 1952, marcan el cambio de consideración del pueblo respecto a “El Andarín”, del héroe al mito que ya pertenece al pasado. Así, dejará de ser el dirigente guerrillero, seductor que baila con las mujeres del pueblo en el primer momento de la historia, para convertirse en un monstruo solitario (tiene una enfermedad(7) en la piel que le desfigura progresivamente la cara) que se esconde para no ser visto por nadie en la etapa final. Cuando su lucha pierde vigencia, el clan lo deslegitima o le traiciona. Esta relación entre el mito político -el maquis- y la realidad de la España rural durante el franquismo es un elemento clave de la película. Amparo y Suso son los personajes que representan la vinculación del guerrillero con el pueblo. Amparo es su último apoyo (El Andarín solamente abandona el bosque para acercarse a ella) y la que vive más intensamente esa seducción/rechazo que ejerce. En el prólogo de la película, en 1942, ella es una niña que mira embobada como el valeroso guerrillero baila con las mujeres en la romería. En 1952, tras haber sido su amante, tiembla de miedo y de asco ante la presencia de “El Andarín”, en la secuencia del maizal. Gutiérrez Aragón suele dar especial importancia a los personajes femeninos. En El corazón del bosque, Amparo es un personaje fascinante que sirve de enlace entre todos los personajes masculinos de la película. Suso, el novio/marido de Amparo es el perfecto exponente del cambio de actitud del pueblo. Pasa de colaborador (incluso consciente de los amores de Amparo con el maqui) a colaboracionista. Y más aún, de ayudar a Juan a entregarlo a la Guardia Civil (traicionando al traidor).

Juan es un enviado del Partido incapaz de comprender la lógica del maquis, de ahí que no haya posibilidad de diálogo entre ambos y su encuentro se plantee como una cacería. No es casual que la película se estructure como un cuento popular: Juan es el agente que intenta desentrañar el misterioso personaje que habita en la espesura. En consecuencia, la narración opta por acompañarle en todo momento, por utilizar su punto de vista para contar las peripecias que se suceden en el bosque. Sin embargo, como en “El corazón de las tinieblas” de Conrad, progresivamente, Juan se siente atraído e incluso identificado con “El Andarín”(8). Para Juan, El Andarín también se convierte en un mito inalcanzable, de forma que, en su mente, su descripción es más próxima a la del fantasma ideado por las mentes populares que un objeto humano a capturar. En el desenlace, Juan se transforma en el testigo/verdugo de la derrota histórica de movimiento guerrillero (representado por “El Andarín”). En uno de los pocos diálogos que mantiene, el maqui exclama “traidores”, a lo que Juan responde “¿Hay alguien que no sea traidor?” . La respuesta es “Nadie” y con ella parece confirmarse la autenticidad de su lucha y lo premeditado de su asesinato. No obstante, el asesinato de “El Andarín” también puede entenderse como sino de los nuevos tiempos, como necesario para dejar atrás una etapa histórica (el héroe ha sobrevivido a su época y, como opinaba Hegel, ahora se convertirá en esclavo; además la población le da la espalda. Para salvar al mito sólo se le ha de matar). De ahí la apostilla final, colocada en un tiempo ulterior al relato, tras la aparente misión cumplida: la que instaura en ese espacio un nuevo orden cotidiano algunos años después. Juan abandona la lucha política y vuelve al pueblo para ser uno más entre sus habitantes.

El bosque es otro de los personajes protagonistas de la película. Manuel Gutiérrez Aragón lo define, en contra de las actuales visiones ecológicas que lo consideran un sitio benéfico, como “un lugar horroroso que se acerca más a la visión que dan de él los cuentos infantiles, donde es la morada de las brujas, los ogros y, en definitiva, de la muerte. A los últimos maquis los derrotó el bosque más que la Guardia Civil. Estaban tuberculosos por la cantidad de humedad y lluvia que les caía encima y tenían enfermedades en la piel por no poder mudarse de ropa”. (9) Es un espacio que se presenta inabarcable, intangible, sin que podamos conocer sus límites, sus contornos. La búsqueda de “El Andarín” por parte de Juan está envuelta de una atmósfera especial donde la noción espacio-tiempo se desdibuja progresivamente. A ello contribuyen la destacada presencia de los sonidos del bosque (apenas hay pasajes musicales) y las luces y tonalidades con que es retratado. Una fotografía que recorre todas las gamas del verde envueltas en una luz plomiza, gris, apoyada en la lluvia y la bruma. Todo ello procura un aire misterioso, fantástico, que resulta creíble como escenario propio de los relatos populares. La canción acertijo que la niña le canta a Juan como clave para atravesar el bosque y los distintos elementos que en él se significan (como el árbol con el que se comunica “El Andarín”, los animales, la lluvia...), abundan en esta idea. El bosque es también el escenario en que se despliegan, sometiéndolos a sus leyes, los conflictos de los protagonistas. Como en los westerns, este espacio se interioriza y se convierte no en el marco, sino en la traducción del estado de ánimo de los personajes. De hecho, el diseño del cartel anunciador de la película es un bosque que envuelve el triángulo formado por “El Andarín”, Amparo y Juan.

La película está basada en hechos reales y se rodó en los mismos lugares donde éstos tuvieron lugar. Recordemos que se inicia diciendo: “Esta historia está basada en diversos sucesos y personas que existieron en los mismos montes y bosques en que la película ha sido filmada”. A partir de estas referencias y de sus propios recuerdos de la infancia, el director y Luis Megino(10) escribieron el guión. En la investigación de los hechos que ambos hicieron, se dieron cuenta de que los acontecimientos que se producían en un valle eran similares o iguales a los que se producían en otros, como si fuesen arquetipos antropológicos. Por ejemplo, los amores de un maqui con la hermana de un compañero o el apoyo del guerrillero en su cuñado que finalmente le traiciona, son aspectos que se repiten sistemáticamente. En este sentido, la película es más antropológica que política, aunque, como en toda leyenda de clan, con abundantes elementos fantásticos. En una comunidad agrícola y ganadera, el tener de pronto un “santo” , un guerrillero o un loco altera a una población que se basa, sobre todo, en gestos repetidos. Desde este punto de vista, el maqui tiene más que ver con un cuento fantástico que con la política. Como he comentado arriba, al analizar el personaje de “El Andarín”, la película pretende mostrar la relación entre hechos recientes de rebeldía concreta y la mitología popular fantástica: el maqui es un luchador político que por las noches se convierte en leyenda. Gutiérrez Aragón remite a su infancia, al recuerdo de Juanín(11) presente en todos los niños de Torrelavega de los años cincuenta, cuando veían una manzana de casas rodeada por la policía porque se rumoreaba que el guerrillero estaba escondido allí. Para todos ellos, aquel guerrillero se convirtió en leyenda.

El título de la película, remite al de la novela de Joseph Conrad “El corazón de las tinieblas”, obra que inspiró a Gutiérrez Aragón para realizar este film, así como también a Francis Ford Coppola para su célebre Apocalipse Now. En el marco de una naturaleza inquietante y cautivadora, se nos muestra el enfrentamiento de quien acata las normas sociales y quien se empecina en ser todavía un héroe sin causa que defender. Juan tiene la misión de contactar con “El Andarín”, un rebelde que se niega a obedecer las órdenes superiores y que hace la guerra por su cuenta cuando ya todo está perdido. En el transcurso de su tarea, Juan llega a sentir tal fascinación por el guerrillero que acaba por asumir la identidad del rebelde. Al igual que la obra de Conrad, El corazón del bosque es una obra introspectiva, de sentimientos, de emociones y, en donde importa más la motivación que la acción, y en donde se muestra de forma desnuda la soledad, el horror ante la soledad con el testigo siempre omnipresente de la naturaleza.

El corazón del bosque es una obra cinematográfica insólita en el panorama del cine español. Obra madura y profunda de un autor inquieto, sensible y culto. La película nos llega más al corazón que a la razón; es un film de emociones: amor, odio, angustia, miedo, soledad, pasión... son los sentimientos que aceleran o desaceleran los latidos de este Corazón del bosque. La tranquilidad del bosque es continuamente alterada por la pasión de unos seres llenos de angustia vital, de miedo, de impotencia, seres destrozados por la vida. En esta película se sitúa al hombre en su medio social, así nos introduce en el bosque y nos muestra a unos “revolucionarios sin revolución”, hombres que se han echado al monte guiados por unos ideales, y que se hallan arrinconados, sin ninguna esperanza. Desde su escondite digieren su rabia contenida y su impotencia. Han quedado encallados en la historia.

La película tuvo un despegue desafortunado. El contexto cinematográfico no era el más adecuado. La temporada 79/80 es mala para el cine español. Ha terminado la masiva entrada de películas prohibidas, pero después las aguas han vuelto a su cauce y ha sobrevenido el predominio de las multinacionales. El fenómeno del denominado desencanto político invade el país. La dictadura ha terminado, la democracia comienza a asentarse, pero la grave crisis económica corta las alas de muchas iniciativas y hace que la desilusión se extienda por España. Decrece el número de películas anualmente producidas y la calidad media resulta muy baja. Los productores están desconcertados; nadie sabe lo que puede interesar al público. El corazón del bosque se rodó en 1978 y en 1979 se presentó al Festival de Berlín, pero sólo se consiguió estrenar en Madrid a finales de ese año y en un cinematógrafo muy pequeño. A pesar de todo, la crítica la alabó con entusiasmo casi militante. La película se mantuvo en el prestigioso cine Alphaville durante meses. Con ella, Gutiérrez Aragón se convirtió en la figura principal de la generación de cineastas españoles inmediatamente posterior a Saura.

domingo, 22 de febrero de 2009

Antonio Brevers en la "memoria de los nietos" de Gijón.

«Juanín y Bedoya fueron los últimos guerrilleros activos y a pie de monte».

Antonio Brevers, ayer, en el centro integrado Gijón-Sur, en Pumarín (marcos león).
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ANTONIO BREVERS Historiador, autor de «Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros» J. L. ARGÜELLES.
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Antonio Brevers (Torrelavega, 1960) está considerado uno de los más concienzudos conocedores de la lucha guerrillera antifranquista. Autor del libro de referencia «Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros», participó ayer en el congreso «La memoria de los nietos», que organiza en la ciudad la asociación «Todoslosnombres».
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-Maquis, huidos, los del monte, los emboscados, los fugaos... ¿Qué término es el más exacto?
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-La palabra maquis viene de la Resistencia francesa, donde había muchos guerrilleros españoles. Las expresiones son todas correctas, aunque desde la prensa franquista se les llamaba bandoleros.
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-¿El maquis fue la principal preocupación de Franco tras la guerra?
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-Sobre todo a medida que avanzaba el tiempo y España fue saliendo de su aislamiento internacional. Tener resistentes en el monte era el testimonio de dónde venía el régimen franquista.
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-Usted comparte la división cronológica de la guerrilla en cuatro etapas, desde 1936 a 1957.
¿Los guerrilleros llegaron a inquietar en algún momento al franquismo?
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-Quizás cuando la invasión del valle de Arán, donde se reunieron miles de guerrilleros. Fue una acción que podía tener repercusión internacional y ganar la adhesión de alguna de las potencias que habían ganado la II Guerra Mundial. Fue el momento más desestabilizador para el franquismo. En 1957 aún había guerrilleros en los Picos de Europa, y el hecho de que la prensa de otros países hablara del asunto causaba inquietud. Por eso se decidió acabar con ellos a cualquier precio.
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-Hay quien afirma que la operación del valle de Arán no tenía ningún sentido militar.
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-No soy experto en estrategia militar, pero lo que sí ocurrió es que los servicios de inteligencia del franquismo funcionaron y estaban preparados para repeler la invasión, en la que tuvo mucha participación el PCE. Fue el partido que tomó la bandera de la guerrilla y el que decidió en 1948, también, su disolución y pasar a la lucha política. Fue un problema, porque miles de guerrilleros se quedaron aislados, abandonados a su suerte.
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-¿Qué supuso la guerrilla asturiana?
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-Fue una de las más importantes, y también la cántabro-asturiana. Es algo explicable por la orografía.
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-¿La guerrilla generó, sin querer, mucha represión entre la población civil?
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-Quienes mayor represión sufrieron fueron quienes sustentaron a la guerrilla. Familiares y amigos de los guerrilleros eran, sin duda, el eslabón más débil. Fue un gran drama con el que, a veces, se trasladó la culpa hacia la guerrilla, cuando la culpa era del régimen represor.
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-¿El papel que tuvo la llamada contrapartida en esa represión está suficientemente estudiado?
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-Tuvo un efecto devastador. Generalmente eran especialistas de la Guardia Civil que, además, en muchas ocasiones, lograron infiltrarse en la propia guerrilla.
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-Usted ha dedicado especial atención a la historia de Juanín y Bedoya. ¿Fueron los últimos guerrilleros?
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-Se puede decir que sí, al menos a pie de monte y activos. Quedaba algún guerrillero en Cataluña, pero que entraba y salía de Francia, o los llamados «topos». Tanto es así que el Estado puso especial interés en su captura, con cientos de guardias desplazados a Cantabria sólo para cogerlos. Se llegó a ofrecer medio millón de pesetas por ellos.
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-¿El movimiento guerrillero está suficientemente estudiado?
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-Aún quedan muchas cosas por estudiar y hacer.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Despedida con sonidos de Cantabria y ultramar

Alerta /14 de diciembre de 2008.
«Cuando un amigo se va,
queda un tizón encendido...»,
dice la canción de Alberto
Cortez. Tal vez por eso uno se
resista a borrar de la agenda
del móvil cierta entrada con el
cariñoso apelativo de ‘Maelín’,
o sus certeros SMS, o la
infinidad de mensajes de esa
cuenta suya de correo a la
que el dispuesto hado supo
dar buen uso, uniéndonos...
Mensajes que desde el
primero conservo.


No ha sido preciso hacer el menor esfuerzo
para recordar la última vez
que estuvimos juntos. Fue dos o tres
días antes de mi viaje a Gijón, a la ‘Semana
Negra’, con motivo de la invitación de su
fundador, Paco Ignacio Taibo II, para presentar
mi trabajo... «Cuando vuelvas quiero
una crónica de-ta-lla-da» –me dijo Ismael remarcando
la última palabra, tan ilusionado
como siempre con cada nueva noticia relativa
al libro. Recuerdo que entonces le respondí
en broma con un: «¡A sus órdenes!», mientras
me cuadraba ante él exagerando cómicamente
el gesto, en un intento de levantar
su ánimo. Después, por continuar con el tono
de chirigota, saqué una foto que llevaba en
el bolsillo y se la enseñé. En ella aparecía un
bigotudo veraneante, con gafas y sombrero,
plácidamente sentado en una tumbona
de playa, muy concentrado en la lectura de
‘Juanín y Bedoya, los últimos guerrilleros’...
A continuación le propuse a Maelín que intentase
averiguar la identidad del personaje,
mediante el típico juego infantil de recurrir a
pistas, más de una falsa para alargar la broma,
y al ‘caliente o frío’... Nuestras carcajadas
se entremezclaban con cada una de sus respuestas,
en especial cuando salió a relucir el
nombre de Carod Rovira, con quien sin duda
el personaje misterioso tenía cierto parecido...
«¡Es Txema!», le dije al final, refiriéndome a
mi buen amigo Txema Prada, diseñador de
la portada del libro que sostenía en alguna
playa malagueña... Hacía poco tiempo que les
había presentado por teléfono, durante una de
mis anteriores visitas a Ismael, precisamente
debido a una torpeza de Txema sobre la tecla
de su móvil, pues en realidad intentaba
llamar a otro Antonio. Ya el teléfono, en su
aparente intención de echar una mano con
las presentaciones pendientes, por medio de
otra casualidad había hecho lo mismo con el
misterioso RPD*, a quien Ismael, como ocurrió
con Txema, pudo llegar a conocer al menos
a través del auricular. Invariablemente,
machacones contratiempos y la inevitable
distancia frustraron cuantos intentos de encuentro
llegamos a planificar.
Cómo imaginar que aquella divertida visita
a Ismael, la de la foto del enigmático bigotudo
con sombrero, iba a ser la última. Y
que, como tantas otras cosas, suspendida
también iba a quedar la cercana excursión
de todos los veranos a Pumareña (Liébana),
en compañía de nuestros amigos José Ángel
y Cecilio, con quienes en su día conocimos
Llandelestal y el emocionante encuentro entre
Samuel (padre de Cecilio) y Paco Bedoya,
tras la muerte de Juanín.
«Aunque sea en silla de ruedas, yo voy a
Pumareña –me insistía Maelín en la despedida–.
Y este fin de semana a mi pueblo, con los
chicos. Quiero que lo conozcan»... refiriéndose
a Abanillas, pueblo natal de Ismael y de su
madre Mercedes San Honorio, Leles.


Hacia Abanillas
Hace relativamente poco, llevado en parte
por cierta nostalgia, estuve repasando algunas
de las grabaciones de mis conversaciones
telefónicas con Leles... En la primera de ellas,
Leles me hablaba, desde Buenos Aires, de lo
desconocido del paradero de su hijo: «Unos
me dicen que ha podido volver a Argentina,
otros que sigue por España...». Pronto pude
darle noticias de Maelín a Leles, restableciéndose
al poco tiempo el contacto entre madre
e hijo, temporalmente roto por una de esas
nimiedades que acaban en enorme bola de
nieve... Escuchando en tanto frases del tipo:
«Mejor, de momento, no le diga a Ismael que
habla conmigo», a quien a su vez yo dejaba
caer otras como: «¿Sabes algo de tu madre?
¿Por qué no llamas a Leles?», para terminar
mis idas y venidas al descubierto, como era
previsible, en cuanto Ismael, con el paso del
tiempo, comenzó a enviarle a su madre fotos
de nuestras salidas familiares de fin de semana...
«Ah, ese Antonio debe de ser el que
me llamaba...» –le comentó cándidamente y
sin previo aviso Leles a su hijo... Pero valió la
pena verse metido en semejante embrollo.
Y hacia Abanillas partió Ismael acompañado
de sus hijos Magalí y Fernando, junto
con su yerno Carlitos al volante, el domingo
13 de julio del presente año. Día en que en
la pantalla del móvil apareció ese cariñoso
apelativo, que uno se resiste a suprimir de la
agenda, anunciando una llamada suya: «Al
final vine de excursión con mis hijos... en la
sillita –comenzó diciendo ‘Maelín’, del todo
dicharachero y feliz–. ¿A que no sabes desde
dónde te llamo?...». Por el modo de preguntarlo,
y la intensidad de sus palabras, más que
una pregunta fue una invitación a continuar
la frase: «Desde las Carrás» –le respondí sin
dudarlo–. «¡Desde las Carrás! –remarcó él
inmediatamente–. Bueno, los chicos han entrado,
yo estoy aquí en el camino, en la sillita
(risas)... ¿Sabías que han hecho una canción
sobre Juanín y mi padre?»–. Seguramente llevado
por la emoción sus palabras comenzaron
a atropellarse, cosa impropia en él.
Recuerdo que dos veces al menos le hice
repetir un nombre: Aura Kuby.


Hados del destino
¿Las cosas pasan porque tienen que pasar?...
Desde luego ni Ismael ni sus hijos tenían previsto
hacerlo ese domingo por San Vicente
de la Barquera, decisión casual tomada en el
último momento.
Aura Kuby y su grupo ponían brillante colofón
al Tercer Festival de Folk Cantabria Infinita,
cuando hasta los oídos de Carlitos llegó
el estribillo de una canción, cuya letra le
sonó familiar: «Yo creo que han dicho algo de
Juanín y Bedoya» le comentó al resto con su
marcado acento argentino. Todos asintieron
y juntos se pusieron camino del escenario de
donde provenía la música, que cada vez llegaba
hasta ellos con más fuerza.
Sin duda, esta vez el hado tuvo que trabajar
a destajo. Dieciocho grupos, tres días de
conciertos, tres escenarios (dos en la zona del
aparcamiento de la playa del Rosal - Merón y
un tercero en la Plaza Mayor)... Mucho hubo
de afinar sus dados para que Aura Kuby y su
grupo interpretasen esa canción en el escenario
de la Plaza Mayor, ese último día del festival
y en ese preciso momento...
«¿Y, qué tipo de música hacen?» -le pregunté
a Maelín- «No sabría decirte -respondió-, de
la de antes, pero como de ahora... Ya la oirás.
Me van a enviar la canción».
En días sucesivos nos llamamos durante mi
estancia en Gijón, sin saber que la semana negra
estaba aún por llegar... «¿No sabes? ¡Ya tengo
la canción!... Me la han enviado por e-mail.
Tienes que escucharla... ¡Está fenomenal!».
Y como estaba previsto, fue en la cocina de
su casa donde por primera vez la escuché, pero
ya sin Ismael. Allí también pude verlo, gracias a
una pequeña grabación hecha con un teléfono
móvil, en su silla, dirigiéndose hacia el escenario
mientras comprobaba que, en efecto, les
cantaban a Juanín y su padre. Con esa cara de
niño a la que me tenía acostumbrado en cada
descubrimiento. Camino del abrazo emocionado
que Aura y sus compañeros le tendieron
al escuchar de sus labios: «Hola. Soy Ismael...
El hijo de Paco Bedoya».


Sin saber cuál era tu canción
El domingo 27 de julio, fecha en principio elegida
para viajar a Pumareña, al pie de los preciosos
acantilados del Volao (Toñanes) entregamos
las cenizas de ‘Maelín’ al Cantábrico.
La noche anterior me había llegado un email
de ultramar, desde la Argentina, con un
mensaje de sus primos Ramiro y Luis Rodrigo
San Honorio, a quienes tan triste noticia dejó
«recordando palabras viejas» y escribiendo su
adiós: «Hoy te fuiste, primo mayor/ Sin encanto
y sin palabras/ Desilusión/ Sin saber cuál era tu
canción.../ Hoy te fuiste así... no más».
Su canción no era otra que ‘Vivan Bedoya y
Juanín’, un regalo inesperado del compositor
Fran Lausen Gabilondo, reconocido músico del
País Vasco de amplia trayectoria, a su amigo
Manuel Callejo, acordeonista de Aura.

*RPD, personaje cuya identidad no es desvelada,
a petición suya, en la obra «Juanín y Bedoya,
los últimos guerrilleros».

sábado, 29 de noviembre de 2008

'Los escondidos' un corto sobre maquis y lucha por la supervivencia en Liébana.

El cineasta Julián Díaz prepara el rodaje de un corto sobre el maquis titulado “Los escondidos”, trabajo que, en palabras de su propio autor, se centra en: “dos personajes al límite en la España del año 1942, pero que bien podría situarse en cualquier otro lugar del mundo y en cualquier otra guerra la lucha desesperada por la propia supervivencia. El guión original es de Miguel Ángel Fernández y supone otro gran reto no sólo por el vestuario la ambientación, y los personajes. Sobre todo es un reto porque queremos grabar en los bosques de Liébana y en los Picos de Europa, paisajes que sin lugar a dudas, darán una gran belleza a la fotografía. Estoy muy ilusionado con este proyecto. Iniciaré el rodaje de la película en 2009 y los actores ya están seleccionados”.

El Diario Montañés.

miércoles, 22 de octubre de 2008

¿Juanín y Bedoya, fuera de la "acción represiva" del Estado Franquista?

Javier Pradera / El País / 22 de octubre de 2008.
El fiscal de la Audiencia Nacional elevó ayer a Sala de lo Penal un recurso contra el auto dictado -dentro de las diligencias previas 399/06- por el juez Garzón, que se declaró competente para conocer las denuncias sobre los crímenes de los sublevados durante la Guerra Civil y de la "acción represiva" del Estado franquista hasta 1951. El ámbito temporal cubre desde el 17 de julio de 1936 hasta diciembre de 1951, fecha que marcaría la liquidación del maquis (pese a que los últimos emboscados de Cantabria, Juanín y Bedoya, sobrevivieron hasta 1957). [...] (Ver resto del artículo)

"El emboscado", canción dedicada al maquis en Cantabria.

Los del monte.
Existe un antecedente de canción dedicada a la Guerrilla en Cantabria, se trata de “el emboscado”, compuesta por el carismático compositor cántabro Marcos Bárcena, incluida en el año 2001 en el disco “Lugas”, del disuelto grupo Atlántica (hasta entonces liderado por Kate Gass y el propio Bárcena). «Una canción dedicada a las personas que tras la última guerra civil se hicieron maquis y lucharon por la libertad. El último emboscado cántabro murió en el año 1957, dieciocho años después de acabar la guerra. La letra y música son de Marcos y nos cuentan la vida penosa luchando en solitario por las brañas y cordilleras de Cantabria».

No hay más que ver la letra para apreciar que, además de al maquis en general, rinde tributo al mítico guerrillero Juan Fernández Ayala, “Juanín”.


Huyendo de la injusticia
Y de la sed de venganza
Al terminar la guerra Empezaron sus andanzas.
Luchador infatigable

Buscó en los Picos de Europa
Refugio entre las montañas
Donde escapar de las tropas.

(Estribillo)
Obligado a echarse al monte

Escapó como las cabras
Para algunos fue bandido

Para otros héroe con causa.

Pasó así dieciocho años

Viviendo como un raposo

Donde la vida era dura

Caminando sin reposo.


Durante todo ese tiempo

Se ayudó del estraperlo

También de robos y atracos

Y nadie logró cogerlo.


Estribillo

Pero más que un delincuente
Luchó como un guerrillero

En un solitario frente

Para no ser prisionero.

Muchos de sus compañeros

Hartos de ser perseguidos

Huyeron de su país

Para no ser abatidos.

Estribillo

Sin embargo algunos otros

No tuvieron tanta suerte

Les sorprendió en el camino

Una prematura muerte.

Aun resuena por los aires

De los altos y las brañas

El llanto del emboscado

Que vivió entre las montañas.


La melodía irlandesa en la que el autor se inspiró para componer el fondo musical se llama "Mist in the Mountain" (Niebla lluviosa en la montaña).

La canción “el emboscado” fue empleada en el año 2006, junto a otras melodías del grupo Garma (formación resultante tras la desaparición de Atlántica), en la banda sonora del capítulo “los del monte”, de la serie documental de TVE “La memoria recobrada”. Con guión de Alfonso Domingo y Antonio Brevers.

"Vivan Bedoya y Juanín".

Los del monte.
Manuel Callejo, acordeonista del grupo de Aura Kuby y líder del grupo cántabro de tex-mex Los Castos, tuvo la feliz idea de pedirle a su amigo Fran Lasuen que compusiera una canción dedicada a Juanín y Bedoya y al resto de componentes de la “Brigada Machado”. Canción incluida en el disco de Aura Kuby “Sonidos de Cantabria y Ultramar” que a comienzos del próximo mes de diciembre verá la luz.

A LA “BRIGADA MACHADO”,
A JUANÍN Y BEDOYA,
A XABIER RECALDE.
A los 50 años de la muerte de Juan Fernández Ayala, “Juanín”.

(Potes 1917-Vega de Liébana 1957)

Del cincuenta y siete, abril
miércoles y veinticuatro
¡Alto a la Guardia Civil!
sonó de noche en la Vega,
llegando en Líebana el fin,
de la “Brigada Machado”;
en la curva del molino
quedó Juanín recostado.

Sirva este humilde cantar
como homenaje y recuerdo
a todos los emboscados
que hasta el final resistieron,
soñando un mundo mejor,
a los fuegos del infierno,
siendo en la Sexta Brigada
del Norte los Guerrilleros.

Vientos penosos soplaban,
mejores los venden hoy,
y aunque el mundo se desangra
bolas a contar no voy;
platico con el planeta
y en esta conversación
hambre, suplicio y dolor

es casi lo que me cuenta.

Súbditos de monarquía,

regalo del dictador,
olvido, amnesia y porfía
costumbres de ganador.
Nos es preciso vivir
en el maquis cotidiano
sólo por la dignidad
que merece el ser humano.

Por todos los que se fueron
creyendo en la humanidad
¡salud! de un republicano,
y no se te olvide hermano
que todo tiene su fin
y aún pareciendo baldío,
con la esperanza en la mano
¡vivan Bedoya y Juanín!
ESTRIBILLO:

Y todo tiene su fin

y aún pareciendo baldío
con la esperanza en la mano
¡vivan Bedoya y Juanín!



Compositor: FRAN LASUEN GABILONDO.
(Uno de los músicos con más trayectoria del País Vasco. Tras su paso por Oskorri su carrera en solitario está llena de buenas vibraciones que se materializan en excelentes
discos y actuaciones en directo).


La canción es interpretada por AURA KUBY Y SU GRUPO. (En sus canciones emplean melodías extraídas de la tradición cántabra, buscando su punto de unión con otras históricamente relacionadas, como la música popular cubana, entre otras).


martes, 7 de octubre de 2008

viernes, 8 de agosto de 2008

La muerte del hijo del guerrillero / 3 (dedicado a Ismael Gómez San Honorio).


JUAN G. BEDOYA / Alerta / 8 de agosto de 2008.
«Te contaré que una semana antes de su fallecimiento, Ismael se sintió de repente con fuerzas, dicen que es la mejoría que anuncia la muerte. Hacía tiempo, le había buscado una silla de ruedas y se lo pasaba en grande, disfrutando de los autobuses urbanos con rampa, acompañado de sus hijos. Pues el domingo de esa ‘semana de mejoría’, el 13 de julio, decidió ir a enseñarles su pueblo, Abanillas, y, como no, Las Carrás, donde nació Bedoya. Me llamó emocionado: «¡Estoy en las Carrás! ¡Y han hecho una canción a Juanín y a mi padre!».

Habían pasado por San Vicente, a comprar algo. Era fiesta. De repente, les pareció escuchar a lo lejos el estribillo de una canción que nombraba a Juanín y Bedoya. Se acercaron, sorprendidos. Cuando terminó la canción, Ismael se aproximó al templete y les habló a los músicos. Acabó llorando hasta el apuntador. Lloraron los músicos, lloró Ismael. La balada a Juanín y Bedoya la canta Aura Kuby. Puedes encontrarla y escucharla en internet. A Ismael le pareció una tonada alegre, a mí se me ha quedado como una canción triste. La oí por primera vez en la cocina de su casa, instantes después de que retirasen su cuerpo camino al tanatorio. De todos modos, me gusta escucharla. Por el estribillo y por lo feliz que le hizo».

Me cuenta todo esto Antonio Brevers a vuelta de un correo en el que le pido detalles sobre el entierro del hijo del guerrillero. A la misa de Abanillas por Ismael acudieron algunos vecinos que conocieron a Leles, su madre. Apenas le quedaban familiares en España. Asistió también Miguel Ángel González Vega, el alcalde de Val de San Vicente, socialista y gran amigo de la madre del hijo el guerrillero. Leles está enterrada en Buenos Aires y Paco Bedoya en Ciriego, en el mismo nicho que su cuñado José San Miguel (nave oeste, 10 norte, fila 3ª, nª 28). Fidel Bedoya trasladó allí los restos de su hermano, a finales de los años 70, cuando le fue permitido llevárselos de Santoña, donde había sido enterrado por sus asesinos sin ataúd, como un perro, junto al muro exterior del cementerio.

jueves, 7 de agosto de 2008

La muerte del hijo del guerrillero / 2 (dedicado a Ismael Gómez San Honorio).


JUAN G. BEDOYA / Alerta / 7 de agosto de 2008.
La fundación Bruno Alonso debería seguir adelante con su idea del ‘museo del maqui’, en Señas, la cuna de Juanín Gómez, o donde sea. No hablo de la memoria que el Gobierno Zapatero llama ‘histórica’ (como si hubiera otro tipo de memoria que no sea la histórica), sino de justicia. Por qué se echaron al monte, qué habían hecho aquellos muchachos para ser apalizados cada tarde tras volver de sus trabajaos forzados, quiénes eran, cómo resistieron, cómo murieron y cuántos inocentes sufrieron los efectos colaterales). Pero estaba contándoles la muerte, hace unos pocos días, de Maelín, Ismael Gómez San Honorio, el hijo del mítico guerrillero Francisco Bedoya. Mercedes San Honorio lo parió en Abanillas en 1947 y se fue a Argentina dos años más tarde, huyendo de la quema, como suele decirse, dejando al chiquillo al cuidado de la madre de Bedoya, Julia Pérez.

Entre los bonitos juguetes de madera que Paco Bedoya tallaba para su hijo en las brutales cárceles que habitó antes de echarse al monte hubo un estuche que hizo llegar a la novia Leles a Buenos Aires. A finales de 1952 Ismael también viajó, con apenas cinco años, a América a reencontrarse con la madre. Así fue como perdió su historia familiar. Sin apenas información sobre el padre, ni facilidades para conseguirla, cincuenta años después de la muerte de Bedoya, Maelín vuelve a España. En 1999 lo hará por última, con el estuche de madera, cartas y algunas fotos del padre, siempre buscando respuestas y detalles. Ese año conoce a Antonio Brevers, que ya estaba investigando para su libro ‘Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros’, y se hicieron grandes amigos.

El hijo del guerrillero murió el 24 de julio pasado, rodeado de sus hijos Magali y Fernando, (tuvo cinco, pero tres siguen en Argentina). Sus cenizas fueron esparcidas en el mar, en un rincón de la costa de Cóbreces. El lugar se llama Volao. «Ismael y yo habíamos estado allí en varias ocasiones, siguiendo los pasos de Juanín y Bedoya. Le encantaba el sitio. Allí, acompañado de mi mujer y de sus hijos y de los míos, lancé las cenizas de Ismael al Cantábrico, como él quería. La tarde era preciosa», dice Brevers, emocionado.

miércoles, 6 de agosto de 2008

La muerte del hijo del guerillero / 1 (dedicado a Ismael Gómez San Honorio).


JUAN G. BEDOYA / Alerta / 6 de agosto de 2008.
Soy un lebaniego crecido entre montañas donde los chiquillos teníamos más miedo a la Guardia Civil que a los bandidos del monte. Recuerdo la tarde, al anochecer, en que mataron a Juanín, a unos tres kilómetros de mi pueblo. Juanín era casi vecino y tenía la edad de mi padre, año arriba o abajo. Su casa sigue en pie, ruinosa, en Señas. Hace un par de años estaba en venta, cuando subimos hasta allá Ramón Viadero, Jesús Gutiérrez Morlote, José Manuel Cano y otros patronos de la Fundación Bruno Alonso con la idea de abrir allí una especie de ‘Museo del Maqui de Cantabria’. Bien se lo ganaron aquellos guerrilleros, si hago caso a mis recuerdos de infancia. Cuando yo era niño, ‘los del monte’ eran personajes misteriosos y rebeldes, sobre los que, según en qué cocinas, se nos contaban historias heroicas o terribles. Los jefes de la guardia entonces bastante incivil iban por los pueblos a caballo, la imagen del abuso, y obligaban a los vecinos a entrar con horcas en los pajares. «Pincha ahí, y ahora allí...», ordenaban, inmisericordes. Los vecinos estaban, en el mejor caso, atrapados entre dos fuegos.

En el pueblo me siguen llamando Juanín. Me apellido, de segundo, Bedoya. Y encima dicen que soy ‘rojo’. Imaginen. No me pierdo un buen libro sobre la guerrilla antifascista de los años 40 a 60 del siglo pasado. El de Antonio Brevers (‘Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros’. Cloux Editores. 2007) es el último y más completo.

Brevers me envió hace unos días, por móvil, este mensaje: «Acaba de fallecer Maelín». Maelín era Ismael Gómez San Honorio, el hijo del guerrillero Francisco Bedoya. Su madre, Mercedes San Honorio, lo tuvo en Abanillas el 19 de octubre de 1947, pero hubo de dejarlo en Las Carrás a cargo de la abuela paterna, Julia, para escapar en 1949 de la asfi xia policial camino de Argentina. Maelín acudía con la abuela a visitar a su padre a la prisión provincial de Santander o a la cárcel de Fuencarral, en Madrid. Y Bedoya le tallaba maravillosos juguetes de madera. Poco más tarde se echó al monte, a por la libertad. Mañana les cuento.

jueves, 31 de julio de 2008

"Juanín y Bedoya ya son tres" (dedicado a Ismael Gómez San Honorio).

Norberto García / Rakeros / 31 de julio de 2008
Me van a permitir que ésta sea una caverna diferente. Ustedes saben tan bien como yo, que siempre comienzo con aquello de …”Hasta mi caverna han llegado estos días los ecos de …” Pues esta vez no. Hasta mi caverna no ha llegado ningún eco sobresaliente sobre el fallecimiento de Ismael Gómez Honorio, persona para muchos casi anónima, pero para algunos personaje que con todo honor ha entrado en la leyenda por ser el hijo del famoso Bedoya, aquel mítico guerrillero antifranquista que junto a Juanín protagonizó la más épica de las historias de los maquis de la posguerra española.

La historia de Ismael, Maelín, se escribió desde su inicio con tintes de tragedia y sobresalto. Con cinco años tuvo que huir junto a su madre Leles a la lejana Argentina para evitar las represalias de la Guardia Civil por ser el hijo del joven emboscado, protagonista de mil y una aventuras, y acusado públicamente por el régimen de crímenes y asaltos por doquier. (Por cierto, nada más reparador para su persona y para la justicia histórica, que el magnífico libro de Antonio Brevers “Juanín y Bedoya: los últimos guerrilleros” que le restaura su perfil humano lleno de sensibilidad. Algo que la interesada prensa del momento se empeñó en adulterar).

Es pues la crónica de un obituario. El adiós de un ser entrañable. La tarde del veinticuatro de julio un mal injusto y cruel le empujó para siempre hacia otro lugar. Tuvo que ser en verano cuando el calor separa las cosas, las aleja y las arrastra. No hay necesidad de ser pintor para dibujar una sonrisa en un rostro triste, pero en mis ratos de ocio y con los pinceles de mi corazón, le pintaré con barba blanca y prominente calva; con su serenidad, con su aspecto afable y con kilos de bondad para dar y tomar. Su marcha nos empapado la emoción en agua, y con la angustia de su ausencia parece como que cuesta más respirar. Ismael corrió demasiado los últimos días para llegar primero a ese lugar donde las flores son de mil colores y los atardeceres rojos nos recuerdan que la vida no es más que un conjunto de tirones hacia delante y hacia atrás.

Desde hoy, Ismael dormirá cada noche encamado entre los helechos del Saja, en los abrigos rocosos de la Sierra del Escudo y tendrá su casa en el Monte Corona, junto a su padre y a Juanín. Por eso se dio tanta prisa en marchar. Fueron muchos años persiguiendo una historia que entre todos le ocultaron y que inexorablemente le devolvía a su niñez. Una historia que, su amigo Antonio Brevers (un hijo para él), le supo contar con el cariño de la mejor abuela, paso a paso y con mucha ternura. Una historia, la de su padre, que le encendía el brillo de los ojos con tanta fuerza que le hacía emocionarse con frecuencia y querer saber un poco más, para quererle un poco más cada día. Fueron muchos años sin tenerle y había que recuperar el tiempo perdido.

Cuando su padre fue abatido a tiros, como un animal, aquél dos de diciembre del cincuenta y siete en el monte Cerredo, le dejó marcado un rastro para reunirse con él, con su Maelín, y surcar juntos, algún día, todos los caminos sin tener que huir de nadie. Sólo por el puro placer de amanecer abrazados en cualquier altozano o sentarse a comer al lado de un río de aguas frías y cristalinas.

Dicen los ciervos de Palombera, los urogallos de Saja y las ardillas de Liébana que la sombra de Juanín y Bedoya sigue vagando por sus bosques día y noche. Que se dejan ver casi a diario entre hayedos y robledales, pero que un niño juguetea a su lado y que la mano del Bedoya aprieta fuerte la de un chavalín feliz.

Juanín y Bedoya nunca se fueron del todo, pero ahora ya son tres.

jueves, 17 de julio de 2008

Presentación cruzada de "Juanín y Bedoya" en la 21 edición de la Semana Negra de Gijón.

De izquierda a derecha, Paco Ignacio Taibo II (fundador de la Semana Negra), Juan carlos Arce, Juan Ramón Biedma y Antonio Brevers

A Quemarropa / 17 de julio de 2008.
La Semana Negra miró ayer hacia atrás para recordar ediciones pasadas. La utilidad de la literatura, el mal, los monstruos, los protagonistas… Durante los últimos años el festival literario se ha fijado en un solo tema para exprimirlo al máximo y después obtener conclusiones. En la tarde de ayer dos autores se acercaron a la carpa de encuentros para presentarnos sus obras, ambas ambientadas en la Guerra Civil española. Si hace un par de años, Paco Ignacio Taibo II quiso desempolvar esas historias que muchos otros fueron ocultando bajo la alfombra, en la jornada de ayer hubo de nuevo tiempo para pasar la aspiradora. Así, el propio Director de la SN y Juan Ramón Biedma realizaron una presentación cruzada de Juanín y Bedoya, los últimos guerrileros, de Antonio Brevers y de La noche desnuda, de Juan Carlos Arce.

Mientras Taibo II recordaba que Juanín y Bedoya eran dos combatientes republicanos de poca trascendencia, pero su voz es conmovedora, es la voz del pueblo, Biedma aseguraba que Antonio Brevers tiene una gran virtud como escritor, y es que plantea maravillosamente los enigmas. Su obra es el cuaderno de campo de una búsqueda, abre numerosas incógnitas y por eso el libro contiene las claves del thriller más abierto. Antonio Brevers agradeció a la SN su invitación y la calificó de proyecto maravilloso. Después, habló de su libro. Juanín y Bedoya, los últimos guerrileros es un ensayo en el que Brevers demuestra una tremenda capacidad investigadora. El autor ha rastreado, preguntado y repreguntado para presentar la historia de la desesperada apuesta por la supervivencia de dos míticos resistentes en la España franquista de posguerra. En palabra de Brevers se trata de una historia cercana. Me he encontrado muchas veces al llamar a las puertas a gente con miedo, a gente que estaba todavía avergonzada porque su padre había sido bandolero. Esas personas no deben agachar la cabeza, deben estar orgullosos de lo que hicieron sus familiares. Asimismo, Brevers explicó como el propio hijo de Bedoya se marchó a Argentina con 3 años y como a los 18 su familia le seguía ocultando muchos pasajes de la vida de su padre. Con esta obra, Antonio Brevers consigue recordar, pero recogiendo las historias y los testimonios desde el lado más humano. La sucesión de relatos, las imágenes, la humanidad, la cercanía y la trama propia de la novela más negra dan forma a una obra sin duda no caerá en el olvido.

Y llegó el momento del cruce, del salto de una novela a otra. Tras Brevers, llegó el turno de Juan Carlos Arce, que resumió en poco menos de 15 minutos y ayudado por la chuleta cómo es La noche desnuda. El autor explicó que su novela está protagonizada por dos personajes notables que se cruzaron en la Barcelona de 1937, el autor británico George Orwell, que se alistó como aliado en el bando republicano y Andreu Nin, líder del POUM (Partido Obrero de la Unificación Marxista). Arce quiso comentar al público detalles de la vida de Nin y también de Orwell para que nada quedara en el aire. Nin fue hijo de zapatero y tuvo una vida singular. Vivió diez años en Moscú, formó parte del soviet, del partido comunista, pero en un momento dado Stalin le expulsó por decir lo que pensaba. Después llegaría a España para dirigir el POUM y fue incluso conseller en la Generalitat de Catalunya. Fue secuestrado, torturado, asesinado y después se ocultó su cadáver. Crueldad, desprestigio, muerte y olvido.

En cuanto a Orwell, el autor quiso destacar que llegó a España para luchar en el frente, para coger el fusil. Creía que debía ayudar a los republicanos a luchar contra el fascismo, pero luego se dio cuenta que la lucha no era sólo contra el enemigo fascista, sino también contra los que no estaban de acuerdo con Stalin. Y es que Orwell era militante del POUM, y allí coincidió con Nin. Tras el asesinato de Nin le tocó el turno a los militantes, a los que persiguieron, encarcelaron y en muchos casos asesinaron, aunque en un juicio que a priori podría parecer una pantomima, los jueces supieron ser independientes. Orwell no cayó en el frente a pesar de ser herido en el cuello, falleció en 1950 de tuberculosis. También de él queda su obra, como Rebelión en la granja y conceptos hoy modernos como Big Brother. La obra de Arce nos acerca a la médula de la reciente historia de España y nos golpea con saña en el cerebro para que seamos capaces de aprender de errores y actitudes pasadas, que aunque parezca ficción sucedieron muy cerca.

lunes, 14 de julio de 2008

El libro de Antonio Brevers en el programa de Carlos Sobera.

"Juanín y Bedoya, los últimos guerrilleros", en el programa "date el bote" de Carlos Sobera (ETB-Vasca).

viernes, 27 de junio de 2008

Antonio Brevers en el Foro por la memoria del Oriente Asturiano.

El Oriente de Asturias / 27 de junio de 2008.
El Foro por la Memoria presenta hoy la obra Juanín y Bedoya los últimos guerrilleros El Foro por la memoria del Oriente ha organizado para hoy un acto, que se celebrará a las siete y media de la tarde en la Casa de Cultura, en el que se presentará el libro Juanín y Bedoya los últimos guerrilleros, obra del investigador cántabro Antonio Brevers.

Juanín y Bedoya los últimos guerrilleros ha sido respaldado por el Gobierno de Cantabria. Prologado por cineasta Manuel Gutiérrez Aragón, cuenta con impresionantes testimonios gráficos.

domingo, 15 de junio de 2008

Charla en Udías organizada por la Asociación de Mujeres.

Pueblos de Cantabria / 15 de junio de 2008.
La Asociación de Mujeres del valle de Udías, con la colaboración de la Asociación de vecinos Sel del Haya, puso en marcha una charla sobre los míticos “maquis” Juanín y Bedoya, “los últimos guerrilleros”.

La conferencia previa corrió a cargo de Antonio Brevers, quien acaba de editar, con gran éxito de ventas, un libro dedicado a estas personas que han marcado un hito apenas reconocido en la historia de nuestra región y cuya memoria histórica se comienza a recuperar.

La charla posterior estuvo muy amena y entretenida, compartiendo entre todos momentos de esa historia.

miércoles, 11 de junio de 2008

Ultimando el porgrama de la Semana Negra de Gijón.

Sociedad Mixta de Turismo de Gijón / 11 de junio de 2008.
Con el lema “Bajo las carpas está la arena”, hace alusión a su nueva ubicación de este año en las inmediaciones de la playa de Poniente Aunque aún falta un mes y el programa está ultimando los cambios e incorporaciones finales, la 21 Semana Negra ya ha confirmado la exposición Blacksad. Es la muestra de un cómic de los españoles Juan Díaz Canales (guión) y Juanjo Guarnido (dibujo y color), creadores provenientes ambos del campo de la animación. Se trata de una serie de la que han aparecido hasta el momento tres libros producidos por la editorial francesa Dargaud editados entre los años 2000 y 2005. Se trata de una historia de género negro protagonizada por animales humanizados y sucede en Estados Unidos en los años 50, al comienzo de la llamada Guerra Fría. La obra supuso desde el momento de su aparición todo un éxito internacional de público y crítica. Recibió los premios del Salón del cómic de Anguleme, en Francia y el premio Harvey en Estados Unidos. La exposición sobre Blacksad de la Semana Negra 2008 incluye las páginas ya acabadas (realizadas a color directo), y bocetos, páginas a lápiz o pruebas de color; dando una buena muestra de lo que fue el proceso original de creación. Se han confirmado 4 de los 9 conciertos que se realizarán a partir de las 22:30 en el nuevo escenario de la Semana Negra: • Michelle McCain • Nuberu • Avalanche • Oysterband Dos libros aparecidos en los últimos meses sobre la guerra civil y sus secuelas serán presentados en Gijón, lo de Antonio Brevers: Juanín y Bedoya, los últimos guerrilleros y Juan Carlos Arce: La noche desnuda. La Guerra Civil española fue ya la protagonista de la Semana Negra en 2006. Una novedad importante será la exposición dedicada a reproducir la batalla de Gaugamela, protagonizada por Alejandro Magno, con millares de soldados de plomo. La haremos en colaboración con el Museo L´iber de los soldaditos de plomo de Valencia y las intervenciones de José Ángel Mañas y Javier Negrete. Otra novedad será una nueva carpa dedicada al mundo audiovisual: largometrajes, microcortos, documentales audiovisuales, que se sucederán a toda velocidad, atrayendo a públicos interesados y casuales. Más de 150 escritores invitados; un centenar de periodistas acreditados procedentes de casi toda España y de países como Francia, México, Italia, Grecia, Argentina, Venezuela, Estados Unidos o Colombia; música variada son algunos de los aperitivos de la semana más larga del año Más información en www.semananegra.org

miércoles, 28 de mayo de 2008

Avance de contenidos de la Semana Negra de Gijón.


La Voz de Asturias / 28 de mayo de 2008.
El cómic y la música también tendrán un espacio importante en la 21 Semana Negra. El subdirector del certamen, Angel de la Calle, explicó que se organizarán dos exposiciones, una de ellas sobre la obra de Blacksad, de Guarnido y Canales, y una más que, en la actualidad, se está negociando. Entre otros, se contará con la presencia de autores como Carlos Giménez, Mariel Soria, D´Israeli o Michael Gaydos. Del apartado musical, Taibo no quiso adelantar más que tienen dos conciertos cerrados, uno de ellos de un grupo "conocido" que quiere grabar un disco en director en el certamen.

Entre otros libros, se presentarán el de la mexicana Sanjuana Martínez, Manto púrpura, sobre pederastia en la Iglesia, y dos sobre la guerra civil de Antonio Brevers, Juanín y Bedoya, los últimos guerrilleros, y Juan Carlos Arce, La noche desnuda. Se mantendrá, además, el formato de tertulias, que versarán sobre la idea del mal y habrá una nueva carpa para proyecciones.

domingo, 18 de mayo de 2008

Antonio Brevers y su libro en el País Semanal.


JESÚS RUIZ MANTILLA.

Se mueven entre el mito y la leyenda negra. Juanín y Bedoya, los últimos guerrilleros que resistieron al franquismo en los montes de Cantabria, fueron héroes populares entre el silencio de la represión. Un libro clarifica su historia.

Los niños de todas las comarcas que circundan el recóndito y hermoso valle de Liébana, en Cantabria, han jugado desde hace décadas a Juanín y Bedoya. Se mofaban de los cercos que les tendían los supuestos guardias, y quedaban para el arrastre después de un pillo que te pillo en los bosques y los prados donde correteaban tiroteándose de mentira. Pero la bárbara resistencia de estos dos guerrilleros que se echaron al monte para luchar contra el franquismo –los últimos en la Península– fue de todo menos una broma.

A Juan Fernández Ayala, la vida le dio cuatro cosas: un instinto casi animal para la supervivencia, su proverbial tozudez, el idealismo de los irredentos y muchos palos. En cambio, a Francisco Bedoya Gutiérrez le tocaron en gracia otros atributos: un corpachón de gigante homérico, un corazón sensible, una habilidad extrema para tallar juguetes de madera y algunos palos más que a su compañero Juanín.

El destino tuvo la mala idea de unirles para echarse al monte en plena dictadura. Su vida como fugitivos fue tan grandiosa que al convertirse España en un país normal acabaron colgándose la medalla de las leyendas. Pero llevaban también encima muchas manchas, muchos interrogantes sin resolver. La sombra que más ha ensuciado su aventura ha quedado ahora despejada.
Hasta la fecha, muchos fueron los que creyeron la historia oficial: que Juanín acabó acribillado en una cuneta por disparos de Bedoya. Por la espalda. Incluso la familia Fernández Ayala llegó a sostenerlo tras la muerte de Franco. Pero la jugarreta de la traición ha quedado enterrada gracias a un libro que reconstruye la vida de ambos: Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros (Cloux Editores), de Antonio Brevers.

Tirando del hilo durante ocho años de su vida, Brevers ha despejado muchos interrogantes. De paso, este psicólogo metido a escritor, que era de los niños que mataban las horas con el juego de los guerrilleros en Torrelavega, ha ejercido toda una justicia histórica: “Quería que el libro tuviera una dignidad, incluso en su formato, con tapa dura. Son personas que han sufrido mucho, familias que han vivido la vergüenza como norma. Que ahora se reivindique la figura de ambos y su historia como una de las atrocidades del franquismo es muy importante para todos ellos”.

El interés por esta tragedia, que ha ido acrecentando su mito en la memoria popular, ha saltado de inmediato. El libro, sólo en Cantabria, ha vendido 10.000 ejemplares. Allí se ha editado con la colaboración del gobierno regional, pero ahora se está distribuyendo por toda España. La gente desea saber. Desde los familiares de los guerrilleros hasta quienes sufrieron sus secuestros o atracos por supervivencia. Desde los vecinos próximos hasta los niños que crecieron viendo cómo a sus mayores se les metía en el cuartel y se les zurraba por la mera sospecha de que les hubiesen proporcionado comida.

Pero la necesidad más justificada de indagar en los hechos es, para Brevers, la de Ismael Gómez San Honorio, Maelín, el hijo de Francisco Bedoya, con quien el fugitivo no logró volver a unirse en vida nunca más desde que se echó al monte. La historia de Maelín es de las que de por sí merecen ya un libro. Cuando éste era un niño, en Argentina, encontró una caja que guardaba el secreto que su madre le ocultó: la identidad de su verdadero padre.

Ismael llegó a visitarle en la cárcel cuando era muy pequeño, pero tenía un recuerdo demasiado borroso de aquel hombre que le regaló un camión de madera tallado por él. El futuro de su padre era demasiado incierto como para que su abuela no decidiera embarcar al niño hacia Argentina junto a su madre, Mercedes San Honorio Pérez, Leles. Ella había rehecho su vida en América.

Todo el pequeño pasado de Maelín quedó también extirpado hasta que descubrió aquel cofre. En él, Leles guardaba las cartas de Paco Bedoya desde la cárcel, escritas antes de echarse al monte, y un recorte de prensa en el que se contaba su caída. Ese mismo cofre con los secretos le fue entregado a Brevers para que escribiera su libro. Pero la historia comienza antes. Con Juanín...

Cuando Franco ganó la guerra, a los derrotados les cabían tres opciones: aguantar y agachar la cabeza, huir al extranjero o liarse para resistir en el monte. Juan Fernández Ayala nunca fue de buen conformar. Más si, además, junto a la desesperación de ver cómo su país se pondría bajo las botas de los vencedores, tenía que aguantar palizas a diestro y siniestro. Así que decidió resistir. Atrás habían quedado los tiempos más dulces, pocos, como recuerda en un testimonio del libro Virginia Sierra, que le conoció: “Corrían malos tiempos y no teníamos prácticamente nada. Las muñecas eran de trapo, y las pelotas, de corteza de abedul. Pero éramos felices”. La guerra, en la que él combatió junto a los republicanos, lo echó todo a perder. Pero aún más dura fue la derrota, la represión que llegó de sopetón.

Juanín cumplió cárcel, fue uno más de los prisioneros que abarrotaban la plaza de toros de Santander o la prisión improvisada de Tabacalera. Pocos hubiesen dicho entonces que años después iba a volver loca a la Guardia Civil, a los servicios secretos y a los jerifaltes del régimen. Al salir, en 1942, fue incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos, y meses después había decidido enrolarse en la Brigada Machado, la desperdigada por los Picos de Europa.
Mientras Juanín iba marcándose de cicatrices, nada apuntaba a que Paco Bedoya acabaría como él. Era más joven que Juanín, ni siquiera había combatido en la guerra por la sencilla razón de que entonces no era más que un niño. Había nacido en Serdio el 26 de mayo de 1929. Iba para carpintero, aunque tenía más bien dotes de ebanista. Eso, unido a que cantaba como un Caruso, daba prueba de que bajo su corpachón se escondía un alma sensible.

Mercedes san Honorio, Leles. Novia de Francisco Bedoya con quien tuvo a su hijo Ismael

A Juanín le conoció Bedoya de casualidad. Cuando se presentó un día en su casa para recabar apoyos. Tampoco era raro verle de medio incógnito por el pueblo, y el líder guerrillero acabó fijándose en el chico. Estaba hecho un lío, sin saber qué hacer con la que se le venía encima personalmente. Había tenido un hijo con su novia, Leles, y debía espabilar.

En la figura de Juanín, Bedoya encontró a un padre. Congeniaron pronto. Al más joven le hacían gracia las imitaciones que improvisaba Juanín, y a éste le caía bien el aspirante a estrella de la canción. Soñar ha sido siempre gratis, y Bedoya no se perdía jamás la emisión por radio de Fiesta en el aire, el Operación triunfo de la época, que escuchaba con los amigos por el aparato Telefunken de la taberna de Alfredo.

Mientras España escapaba de ese presente mísero como podía, los guerrilleros de los Picos de Europa andaban a otras cosas. Su dilema era matar a Franco o no matarle. El caudillo se paseaba por la zona a menudo para pescar a poder ser el campanu, como se conoce al primer salmón de la temporada. Varios querían dar el golpe, pero entre los que se opusieron estaba Juanín. Para él, cometer el atentado poco cambiaría las cosas. Los suyos, sin embargo, lo pagarían como ratas. Entre tanto, los guardias aplicaban con celo varias detenciones preventivas e interrogatorios contra todos aquellos que no se sabe muy bien a qué se dedicaban por la comarca. En una de esas inspecciones, llevadas a cabo para que no hubiese problemas con el dictador, alguien delató a Bedoya. Estaba claro que el chico tenía contactos con la guerrilla y lo pagó.

Personalmente, aquello fue la gota que colmó el vaso a ojos de la familia de su novia. No les costó mucho convencerla para que se fuera a Argentina. El niño se quedaría con su abuela materna, pero poco después le enviaron allá. Bedoya, que era un tipo callado y taciturno, mataba el tiempo en la cárcel tallando juguetes de madera para Maelín y escribiendo a Leles. También leía. De todo menos novelas de Lafuente Estefanía y El Coyote. “¡Para leer eso, mejor sería que leyeseis el catecismo, mecagüen!”, escuchó él mismo decir a Juanín tantas veces.

Corría ya el año 1952 y Bedoya seguía en la cárcel. Le habían denegado alguna rebaja y empezaba a desesperarse. Pero hubo otro suceso que le afectó aún más. Le llegaron noticias de que su casa familiar había sido arrasada por las llamas con todo el ganado en el interior. Eso precipitó su fuga. Era el mayor desastre para los suyos.

El cerco se estrechaba. Las detenciones de familiares como anzuelo para la rendición eran la norma. Así que la madre y una hermana de Juanín, Avelina, acabaron entre rejas. “En lugar de que aquella medida le convenciera para mandarlo todo al traste, el guerrillero decidió quedarse e ir a por todas; era la única forma que tenía de proteger a su familia”, según Brevers. Fue entonces cuando comenzó la leyenda de Juanín y Bedoya como pareja. Cuando tuvo que organizarse un cerco que fue de los más impresionantes del franquismo: “Existía un subsector específico que comprendía Asturias, León, Cantabria, Palencia y Burgos, con un coronel al mando”, comenta Brevers. Aun así, costó cazarles.

La vida en el monte fue dura. Construían refugios en varios lugares, aunque se perdían principalmente en Monte Corona. “Los chamizos estaban construidos con papel brea, una especie de tela asfáltica. Todo parecía ordenado, saneado, con sistemas de drenaje. Se convirtieron en auténticos ingenieros”, asegura el autor del libro.

¿Y quién pagaba todo aquello? Los robos, los secuestros, los rescates… Bajaban a los pueblos y recaudaban con quienes sabían que no iban a tener muchos problemas económicos. Eran una especie de mezcla entre Robin Hood y el bandido Fendetestas, el personaje de El bosque animado, incapaz de hacer daño. De aquí cogían unos panes y unos chorizos, de las tiendas; un pedido con comida para unos días. Disparaban si se veían acosados. Y se vieron, pero 14 veces burlaron el cerco. “Incluso invitaban a los guardias de incógnito a café y les dejaban una nota”. Descaradas, como ésta. “Yo, Juanín, tengo el honor de invitar a café al capitán de la Guardia Civil de Potes, y que le aproveche, como a los pajaritos los perdigones”. Se les tenía respeto, admiración y miedo entre los guardias. “Cuando subían a vigilar por el monte iban fumando o silbando para que se dieran por aludidos y no les hicieran nada”, dice Antonio Brevers.

Pero tanto tiempo haciéndole jugarretas al destino no podía durar mucho. La prensa internacional se hacía eco de sus hazañas, y se negoció incluso, por medio de don Desiderio, párroco de la zona, la salida de Juanín a Francia. Finalmente, el cura no se fió de las autoridades. Sabía que le matarían, como ocurrió después. Fue fortuitamente, durante una guardia. Uno de los vigilantes vio moverse algo, disparó y alcanzó al guerrillero. “No supo ni que había matado a Juanín, se dio cuenta más tarde”, comenta el autor. Bedoya iba detrás, pero no hizo nada, aunque todo se reconstruyera después para alimentar una mentira oficial que Brevers desmonta ahora.

Su compañero no tardó en caer. Fue siete meses después, en diciembre de 1957, tras una vida furtiva que duró, junto a Juanín, cinco años. Le emboscaron en la carretera cercana a Castro Urdiales, cuando escapaba a Francia, se supone. Un soplo propició su captura, y acabó tiroteado, como su amigo del alma, al borde de un arcén.