El fiscal de la Audiencia Nacional elevó ayer a Sala de lo Penal un recurso contra el auto dictado -dentro de las diligencias previas 399/06- por el juez Garzón, que se declaró competente para conocer las denuncias sobre los crímenes de los sublevados durante la Guerra Civil y de la "acción represiva" del Estado franquista hasta 1951. El ámbito temporal cubre desde el 17 de julio de 1936 hasta diciembre de 1951, fecha que marcaría la liquidación del maquis (pese a que los últimos emboscados de Cantabria, Juanín y Bedoya, sobrevivieron hasta 1957). [...] (Ver resto del artículo)
miércoles, 22 de octubre de 2008
¿Juanín y Bedoya, fuera de la "acción represiva" del Estado Franquista?
Javier Pradera / El País / 22 de octubre de 2008.
"El emboscado", canción dedicada al maquis en Cantabria.
Los del monte.

Existe un antecedente de canción dedicada a la Guerrilla en Cantabria, se trata de “el emboscado”, compuesta por el carismático compositor cántabro Marcos Bárcena, incluida en el año 2001 en el disco “Lugas”, del disuelto grupo Atlántica (hasta entonces liderado por Kate Gass y el propio Bárcena). «Una canción dedicada a las personas que tras la última guerra civil se hicieron maquis y lucharon por la libertad. El último emboscado cántabro murió en el año 1957, dieciocho años después de acabar la guerra. La letra y música son de Marcos y nos cuentan la vida penosa luchando en solitario por las brañas y cordilleras de Cantabria».
No hay más que ver la letra para apreciar que, además de al maquis en general, rinde tributo al mítico guerrillero Juan Fernández Ayala, “Juanín”.
Huyendo de la injusticia
Y de la sed de venganza
Al terminar la guerra Empezaron sus andanzas.
Luchador infatigable
Buscó en los Picos de Europa
Refugio entre las montañas
Donde escapar de las tropas.
(Estribillo)
Obligado a echarse al monte
Escapó como las cabras
Para algunos fue bandido
Para otros héroe con causa.
Pasó así dieciocho años
Viviendo como un raposo
Donde la vida era dura
Caminando sin reposo.
Durante todo ese tiempo
Se ayudó del estraperlo
También de robos y atracos
Y nadie logró cogerlo.
Estribillo
Pero más que un delincuente
Luchó como un guerrillero
En un solitario frente
Para no ser prisionero.
Muchos de sus compañeros
Hartos de ser perseguidos
Huyeron de su país
Para no ser abatidos.
Estribillo
Sin embargo algunos otros
No tuvieron tanta suerte
Les sorprendió en el camino
Una prematura muerte.
Aun resuena por los aires
De los altos y las brañas
El llanto del emboscado
Que vivió entre las montañas.
No hay más que ver la letra para apreciar que, además de al maquis en general, rinde tributo al mítico guerrillero Juan Fernández Ayala, “Juanín”.
Huyendo de la injusticia
Y de la sed de venganza
Al terminar la guerra Empezaron sus andanzas.
Luchador infatigable
Buscó en los Picos de Europa
Refugio entre las montañas
Donde escapar de las tropas.
(Estribillo)
Obligado a echarse al monte
Escapó como las cabras
Para algunos fue bandido
Para otros héroe con causa.
Pasó así dieciocho años
Viviendo como un raposo
Donde la vida era dura
Caminando sin reposo.
Durante todo ese tiempo
Se ayudó del estraperlo
También de robos y atracos
Y nadie logró cogerlo.
Estribillo
Pero más que un delincuente
Luchó como un guerrillero
En un solitario frente
Para no ser prisionero.
Muchos de sus compañeros
Hartos de ser perseguidos
Huyeron de su país
Para no ser abatidos.
Estribillo
Sin embargo algunos otros
No tuvieron tanta suerte
Les sorprendió en el camino
Una prematura muerte.
Aun resuena por los aires
De los altos y las brañas
El llanto del emboscado
Que vivió entre las montañas.
La melodía irlandesa en la que el autor se inspiró para componer el fondo musical se llama "Mist in the Mountain" (Niebla lluviosa en la montaña).
La canción “el emboscado” fue empleada en el año 2006, junto a otras melodías del grupo Garma (formación resultante tras la desaparición de Atlántica), en la banda sonora del capítulo “los del monte”, de la serie documental de TVE “La memoria recobrada”. Con guión de Alfonso Domingo y Antonio Brevers.
La canción “el emboscado” fue empleada en el año 2006, junto a otras melodías del grupo Garma (formación resultante tras la desaparición de Atlántica), en la banda sonora del capítulo “los del monte”, de la serie documental de TVE “La memoria recobrada”. Con guión de Alfonso Domingo y Antonio Brevers.
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"Vivan Bedoya y Juanín".
Los del monte.

Manuel Callejo, acordeonista del grupo de Aura Kuby y líder del grupo cántabro de tex-mex Los Castos, tuvo la feliz idea de pedirle a su amigo Fran Lasuen que compusiera una canción dedicada a Juanín y Bedoya y al resto de componentes de la “Brigada Machado”. Canción incluida en el disco de Aura Kuby “Sonidos de Cantabria y Ultramar” que a comienzos del próximo mes de diciembre verá la luz.
A LA “BRIGADA MACHADO”,
A JUANÍN Y BEDOYA,
A XABIER RECALDE.
A los 50 años de la muerte de Juan Fernández Ayala, “Juanín”.
(Potes 1917-Vega de Liébana 1957)
Del cincuenta y siete, abril
miércoles y veinticuatro
¡Alto a la Guardia Civil!
sonó de noche en la Vega,
llegando en Líebana el fin,
de la “Brigada Machado”;
en la curva del molino
quedó Juanín recostado.
Sirva este humilde cantar
como homenaje y recuerdo
a todos los emboscados
que hasta el final resistieron,
soñando un mundo mejor,
a los fuegos del infierno,
siendo en la Sexta Brigada
del Norte los Guerrilleros.
Vientos penosos soplaban,
mejores los venden hoy,
y aunque el mundo se desangra
bolas a contar no voy;
platico con el planeta
y en esta conversación
hambre, suplicio y dolor
es casi lo que me cuenta.
Súbditos de monarquía,
regalo del dictador,
olvido, amnesia y porfía
costumbres de ganador.
Nos es preciso vivir
en el maquis cotidiano
sólo por la dignidad
que merece el ser humano.
Por todos los que se fueron
creyendo en la humanidad
¡salud! de un republicano,
y no se te olvide hermano
que todo tiene su fin
y aún pareciendo baldío,
con la esperanza en la mano
¡vivan Bedoya y Juanín!
ESTRIBILLO:
Y todo tiene su fin
y aún pareciendo baldío
con la esperanza en la mano
¡vivan Bedoya y Juanín!
Compositor: FRAN LASUEN GABILONDO.
(Uno de los músicos con más trayectoria del País Vasco. Tras su paso por Oskorri su carrera en solitario está llena de buenas vibraciones que se materializan en excelentes discos y actuaciones en directo).

A LA “BRIGADA MACHADO”,
A JUANÍN Y BEDOYA,
A XABIER RECALDE.
A los 50 años de la muerte de Juan Fernández Ayala, “Juanín”.
(Potes 1917-Vega de Liébana 1957)
Del cincuenta y siete, abril
miércoles y veinticuatro
¡Alto a la Guardia Civil!
sonó de noche en la Vega,
llegando en Líebana el fin,
de la “Brigada Machado”;
en la curva del molino
quedó Juanín recostado.
Sirva este humilde cantar
como homenaje y recuerdo
a todos los emboscados
que hasta el final resistieron,
soñando un mundo mejor,
a los fuegos del infierno,
siendo en la Sexta Brigada
del Norte los Guerrilleros.
Vientos penosos soplaban,
mejores los venden hoy,
y aunque el mundo se desangra
bolas a contar no voy;
platico con el planeta
y en esta conversación
hambre, suplicio y dolor
es casi lo que me cuenta.
Súbditos de monarquía,
regalo del dictador,
olvido, amnesia y porfía
costumbres de ganador.
Nos es preciso vivir
en el maquis cotidiano
sólo por la dignidad
que merece el ser humano.
Por todos los que se fueron
creyendo en la humanidad
¡salud! de un republicano,
y no se te olvide hermano
que todo tiene su fin
y aún pareciendo baldío,
con la esperanza en la mano
¡vivan Bedoya y Juanín!
ESTRIBILLO:
Y todo tiene su fin
y aún pareciendo baldío
con la esperanza en la mano
¡vivan Bedoya y Juanín!
Compositor: FRAN LASUEN GABILONDO.(Uno de los músicos con más trayectoria del País Vasco. Tras su paso por Oskorri su carrera en solitario está llena de buenas vibraciones que se materializan en excelentes discos y actuaciones en directo).

La canción es interpretada por AURA KUBY Y SU GRUPO. (En sus canciones emplean melodías extraídas de la tradición cántabra, buscando su punto de unión con otras históricamente relacionadas, como la música popular cubana, entre otras).
martes, 7 de octubre de 2008
viernes, 8 de agosto de 2008
La muerte del hijo del guerrillero / 3 (dedicado a Ismael Gómez San Honorio).

JUAN G. BEDOYA / Alerta / 8 de agosto de 2008.
«Te contaré que una semana antes de su fallecimiento, Ismael se sintió de repente con fuerzas, dicen que es la mejoría que anuncia la muerte. Hacía tiempo, le había buscado una silla de ruedas y se lo pasaba en grande, disfrutando de los autobuses urbanos con rampa, acompañado de sus hijos. Pues el domingo de esa ‘semana de mejoría’, el 13 de julio, decidió ir a enseñarles su pueblo, Abanillas, y, como no, Las Carrás, donde nació Bedoya. Me llamó emocionado: «¡Estoy en las Carrás! ¡Y han hecho una canción a Juanín y a mi padre!».
Habían pasado por San Vicente, a comprar algo. Era fiesta. De repente, les pareció escuchar a lo lejos el estribillo de una canción que nombraba a Juanín y Bedoya. Se acercaron, sorprendidos. Cuando terminó la canción, Ismael se aproximó al templete y les habló a los músicos. Acabó llorando hasta el apuntador. Lloraron los músicos, lloró Ismael. La balada a Juanín y Bedoya la canta Aura Kuby. Puedes encontrarla y escucharla en internet. A Ismael le pareció una tonada alegre, a mí se me ha quedado como una canción triste. La oí por primera vez en la cocina de su casa, instantes después de que retirasen su cuerpo camino al tanatorio. De todos modos, me gusta escucharla. Por el estribillo y por lo feliz que le hizo».
Me cuenta todo esto Antonio Brevers a vuelta de un correo en el que le pido detalles sobre el entierro del hijo del guerrillero. A la misa de Abanillas por Ismael acudieron algunos vecinos que conocieron a Leles, su madre. Apenas le quedaban familiares en España. Asistió también Miguel Ángel González Vega, el alcalde de Val de San Vicente, socialista y gran amigo de la madre del hijo el guerrillero. Leles está enterrada en Buenos Aires y Paco Bedoya en Ciriego, en el mismo nicho que su cuñado José San Miguel (nave oeste, 10 norte, fila 3ª, nª 28). Fidel Bedoya trasladó allí los restos de su hermano, a finales de los años 70, cuando le fue permitido llevárselos de Santoña, donde había sido enterrado por sus asesinos sin ataúd, como un perro, junto al muro exterior del cementerio.
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jueves, 7 de agosto de 2008
La muerte del hijo del guerrillero / 2 (dedicado a Ismael Gómez San Honorio).

JUAN G. BEDOYA / Alerta / 7 de agosto de 2008.
La fundación Bruno Alonso debería seguir adelante con su idea del ‘museo del maqui’, en Señas, la cuna de Juanín Gómez, o donde sea. No hablo de la memoria que el Gobierno Zapatero llama ‘histórica’ (como si hubiera otro tipo de memoria que no sea la histórica), sino de justicia. Por qué se echaron al monte, qué habían hecho aquellos muchachos para ser apalizados cada tarde tras volver de sus trabajaos forzados, quiénes eran, cómo resistieron, cómo murieron y cuántos inocentes sufrieron los efectos colaterales). Pero estaba contándoles la muerte, hace unos pocos días, de Maelín, Ismael Gómez San Honorio, el hijo del mítico guerrillero Francisco Bedoya. Mercedes San Honorio lo parió en Abanillas en 1947 y se fue a Argentina dos años más tarde, huyendo de la quema, como suele decirse, dejando al chiquillo al cuidado de la madre de Bedoya, Julia Pérez.
Entre los bonitos juguetes de madera que Paco Bedoya tallaba para su hijo en las brutales cárceles que habitó antes de echarse al monte hubo un estuche que hizo llegar a la novia Leles a Buenos Aires. A finales de 1952 Ismael también viajó, con apenas cinco años, a América a reencontrarse con la madre. Así fue como perdió su historia familiar. Sin apenas información sobre el padre, ni facilidades para conseguirla, cincuenta años después de la muerte de Bedoya, Maelín vuelve a España. En 1999 lo hará por última, con el estuche de madera, cartas y algunas fotos del padre, siempre buscando respuestas y detalles. Ese año conoce a Antonio Brevers, que ya estaba investigando para su libro ‘Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros’, y se hicieron grandes amigos.
La fundación Bruno Alonso debería seguir adelante con su idea del ‘museo del maqui’, en Señas, la cuna de Juanín Gómez, o donde sea. No hablo de la memoria que el Gobierno Zapatero llama ‘histórica’ (como si hubiera otro tipo de memoria que no sea la histórica), sino de justicia. Por qué se echaron al monte, qué habían hecho aquellos muchachos para ser apalizados cada tarde tras volver de sus trabajaos forzados, quiénes eran, cómo resistieron, cómo murieron y cuántos inocentes sufrieron los efectos colaterales). Pero estaba contándoles la muerte, hace unos pocos días, de Maelín, Ismael Gómez San Honorio, el hijo del mítico guerrillero Francisco Bedoya. Mercedes San Honorio lo parió en Abanillas en 1947 y se fue a Argentina dos años más tarde, huyendo de la quema, como suele decirse, dejando al chiquillo al cuidado de la madre de Bedoya, Julia Pérez.
Entre los bonitos juguetes de madera que Paco Bedoya tallaba para su hijo en las brutales cárceles que habitó antes de echarse al monte hubo un estuche que hizo llegar a la novia Leles a Buenos Aires. A finales de 1952 Ismael también viajó, con apenas cinco años, a América a reencontrarse con la madre. Así fue como perdió su historia familiar. Sin apenas información sobre el padre, ni facilidades para conseguirla, cincuenta años después de la muerte de Bedoya, Maelín vuelve a España. En 1999 lo hará por última, con el estuche de madera, cartas y algunas fotos del padre, siempre buscando respuestas y detalles. Ese año conoce a Antonio Brevers, que ya estaba investigando para su libro ‘Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros’, y se hicieron grandes amigos.
El hijo del guerrillero murió el 24 de julio pasado, rodeado de sus hijos Magali y Fernando, (tuvo cinco, pero tres siguen en Argentina). Sus cenizas fueron esparcidas en el mar, en un rincón de la costa de Cóbreces. El lugar se llama Volao. «Ismael y yo habíamos estado allí en varias ocasiones, siguiendo los pasos de Juanín y Bedoya. Le encantaba el sitio. Allí, acompañado de mi mujer y de sus hijos y de los míos, lancé las cenizas de Ismael al Cantábrico, como él quería. La tarde era preciosa», dice Brevers, emocionado.
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miércoles, 6 de agosto de 2008
La muerte del hijo del guerillero / 1 (dedicado a Ismael Gómez San Honorio).

JUAN G. BEDOYA / Alerta / 6 de agosto de 2008.
Soy un lebaniego crecido entre montañas donde los chiquillos teníamos más miedo a la Guardia Civil que a los bandidos del monte. Recuerdo la tarde, al anochecer, en que mataron a Juanín, a unos tres kilómetros de mi pueblo. Juanín era casi vecino y tenía la edad de mi padre, año arriba o abajo. Su casa sigue en pie, ruinosa, en Señas. Hace un par de años estaba en venta, cuando subimos hasta allá Ramón Viadero, Jesús Gutiérrez Morlote, José Manuel Cano y otros patronos de la Fundación Bruno Alonso con la idea de abrir allí una especie de ‘Museo del Maqui de Cantabria’. Bien se lo ganaron aquellos guerrilleros, si hago caso a mis recuerdos de infancia. Cuando yo era niño, ‘los del monte’ eran personajes misteriosos y rebeldes, sobre los que, según en qué cocinas, se nos contaban historias heroicas o terribles. Los jefes de la guardia entonces bastante incivil iban por los pueblos a caballo, la imagen del abuso, y obligaban a los vecinos a entrar con horcas en los pajares. «Pincha ahí, y ahora allí...», ordenaban, inmisericordes. Los vecinos estaban, en el mejor caso, atrapados entre dos fuegos.
En el pueblo me siguen llamando Juanín. Me apellido, de segundo, Bedoya. Y encima dicen que soy ‘rojo’. Imaginen. No me pierdo un buen libro sobre la guerrilla antifascista de los años 40 a 60 del siglo pasado. El de Antonio Brevers (‘Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros’. Cloux Editores. 2007) es el último y más completo.
Brevers me envió hace unos días, por móvil, este mensaje: «Acaba de fallecer Maelín». Maelín era Ismael Gómez San Honorio, el hijo del guerrillero Francisco Bedoya. Su madre, Mercedes San Honorio, lo tuvo en Abanillas el 19 de octubre de 1947, pero hubo de dejarlo en Las Carrás a cargo de la abuela paterna, Julia, para escapar en 1949 de la asfi xia policial camino de Argentina. Maelín acudía con la abuela a visitar a su padre a la prisión provincial de Santander o a la cárcel de Fuencarral, en Madrid. Y Bedoya le tallaba maravillosos juguetes de madera. Poco más tarde se echó al monte, a por la libertad. Mañana les cuento.
En el pueblo me siguen llamando Juanín. Me apellido, de segundo, Bedoya. Y encima dicen que soy ‘rojo’. Imaginen. No me pierdo un buen libro sobre la guerrilla antifascista de los años 40 a 60 del siglo pasado. El de Antonio Brevers (‘Juanín y Bedoya. Los últimos guerrilleros’. Cloux Editores. 2007) es el último y más completo.
Brevers me envió hace unos días, por móvil, este mensaje: «Acaba de fallecer Maelín». Maelín era Ismael Gómez San Honorio, el hijo del guerrillero Francisco Bedoya. Su madre, Mercedes San Honorio, lo tuvo en Abanillas el 19 de octubre de 1947, pero hubo de dejarlo en Las Carrás a cargo de la abuela paterna, Julia, para escapar en 1949 de la asfi xia policial camino de Argentina. Maelín acudía con la abuela a visitar a su padre a la prisión provincial de Santander o a la cárcel de Fuencarral, en Madrid. Y Bedoya le tallaba maravillosos juguetes de madera. Poco más tarde se echó al monte, a por la libertad. Mañana les cuento.
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